jueves, 9 de agosto de 2007

LA FUNCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo fue creado por el Padre, y Su labor es atender la petición del Padre de ayudar a Su Hijo a superar su sueño cuando éste decida volver a Él. Por lo cual, la función del Espíritu Santo terminará cuando el mundo deje de tener sentido para el Hijo de Dios y decida tomar conciencia de su Inocencia. Pero seguirá formando parte eternamente de la Santísima Trinidad junto al Padre y al Hijo.

Dios observa a Su Hijo con amor, respeta su sueño sabiendo que no corre peligro alguno y espera su despertar. Pero Él no le anima a despertar, pues sabe que su sueño en realidad jamás existió. Sólo fue un atisbo de sueño que duró un momento, y éste terminó en el mismo instante y en el mismo punto en que empezó.

Aunque ese instante de enajenación puede repetirse en la mente del Hijo de Dios como un eco que parece durar milenios, y en cuyo transcurso imagina tener vivencias macabras. Pues al haber perdido la noción de su Ser, con la ilusión de ausencia y lejanía de su Hogar, le parece sufrir un auténtico infierno, donde es imposible el sosiego y el amor, donde el odio, las envidias y las pasiones no dejan lugar a la paz.

Cree encontrarse en un diabólico laberinto del cual no sabe cómo salir. Y, en verdad, necesita una mano lúcida –mano que sólo el Espíritu Santo puede tender- que deshaga por él el enredo para volver a su Padre. Déjate ayudar por la razón para volver a tu Hogar, pues sabes que de la demencia no puedes esperar nada.

Lo que queda en la mente de Su Hijo es sólo el eco, y a él le parece que dura una eternidad. Cuando decida deshacerse completamente de aquello, contará con toda la ayuda necesaria.

En esta decisión contará con las indicaciones precisas del Espíritu Santo. Lo cogerá dulcemente de la mano, y caminará junto a él permanentemente al ritmo que marque el Hijo de Dios. Pero de su mano no se extraviará. Guiado por Él, no le costará esfuerzo deshacerse de su pesadilla. Y comprenderá ahora que lo verdaderamente difícil fue soportarla.

Empezará a ver claro que su Gloria lo contiene todo, mientras que su invento infernal carecía de todo. Empezará a ver que ahora lo comprende todo porque dispone de todo, en contraste con lo anterior, cuando lo ignoraba todo y no disponía de nada. Y ahora entiende que su hermano era su salvador en lugar de su verdugo.

Dios no puede fijar a Su Hijo la hora de su despertar, puesto que Ambos son iguales, y entre iguales no caben imposiciones ni órdenes.

Tú, Hijo de Dios, no debes reverencia a nada ni a nadie. Sólo tu Creador es digno de reverencia. Nadie excepto Dios es más que tú, pero tú no eres menos que Él. El Padre es siempre antes que el Hijo, pero no por eso es más. De igual modo, tú, como creador, eres antes que tu hijo, pero no eres más que él.

El Espíritu Santo está constantemente pendiente de ti, esperando una señal sincera de tu parte para proporcionarte todo cuanto necesitas. Pero Él tampoco puede fijarte el momento, pues también está en un plano de igualdad contigo.

Mientras sigas satisfecho con lo que tienes, no estarás sinceramente dispuesto a dejarte ayudar por el Espíritu Santo. Pero Él no se retirará de tu lado aunque tú le rechaces.

Del Nuevo Testamento se extrae una frase referida a una visita de Jesús. Al ir el Maestro a acceder a la vivienda, le dijeron: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya puede sanarme”. Se refleja claramente la percepción de pequeñez e indignidad que tiene el mundo de sí mismo.

Esta sensación de indignidad es la piedra angular que constituye la base del pensamiento demente del hijo del hombre en su aparente destierro. Y esa frase encierra la humildad que a los ojos del mundo es necesario tener a fin de resultar agradable y digno a los ojos del Creador para recibir Su clemencia. Desde la óptica del mundo es imposible ver en la oración aludida la declaración arrogante y desafiante que supone el enfrentamiento a la Voluntad de Dios de que Su Hijo sea eternamente tan sano y salvo como Él mismo.


“... pero una palabra tuya bastará para sanarme” es la segunda parte de la frase que recoge lo desquiciado de los planes de salvación del mundo, lo pueril de sus planteamientos. Tú no te planteas cambiar tu rumbo mental, abandonando todo el lastre de ideas sin fundamento, para poder acceder al reconocimiento de tu Identidad, que es tu único patrimonio.

Crees en la magia como medio de salvación. Crees que una palabra, un toque mágico o un gesto puede bastar para reconocerte a ti mismo y recuperar tu Gloria. Pero hemos dicho que no se puede dar lo que no se tiene, y el ego es absolutamente ciego.

Tu Gloria te pertenece, pero sólo podrás tener conciencia de ello cuando resuelvas desmontar todo el andamiaje de percepciones inútiles y lastrantes y te dotes de la receptividad necesaria para que tu Ser pueda volver a refulgir en ti al recuperar tu percepción santa.

El Amor que llama a tu puerta y que es tu Ser no puede convivir con la demencia que has permitido que te invada, y con la que estás muy familiarizado.

Pero para ir librándote de la demencia, deberás estar dispuesto a reconocer y transcender todos los matices o disfraces con los que se presenta ésta, como son la muerte, el miedo, el odio, la envidia, el pecado, la culpabilidad, la soberbia, celos y cualquier otra sensación que perturbe tu paz e implique necesidad o escasez. Pues aunque parecen sensaciones diferentes, en realidad son una sola: La muerte. Ésta es la meta final del ego, pero intenta disimularla vistiéndola de diferentes ropajes.

Considerándote pecador e indigno de mejor suerte, seguirás rechazando la ayuda del Espíritu Santo, pues tal consideración es tu escudo protector contra Él. Y seguirás volviendo la espalda a la curación y renunciando a tu Ser. Y tendrás lo que deseas: La ceguera, la muerte y la enfermedad. Pues tu poder es inviolable y sólo tú eres quien decides en todo momento.